La idea básica aquí es matar al mensajero. El vector del Zika es el Aedes aegypti, mosquito originario de África que ha colonizado toda la zona tropical del planeta y que también puede transmitir la fiebre amarilla, el dengue o el chikunguña. Entre las armas convencionales para frenarlo están los insecticidas y el uso de repelentes o hasta, como han hecho las autoridades de varios países americanos con más efectismo que efectividad, desplegar miles de soldados para cazarlos casa por casa.
Pero esta guerra no se va a ganar con armas convencionales, sino con la genética y una especie de guerra bacteriológica. Es el caso de la firma británica Oxitec. Mediante manipulación genética, consiguieron el mosquito OX513A, un ejemplar macho que porta y transmite una mutación genética que hace que sus crías sean dependientes de la tetraciclina, un antibiótico. Al faltarles, mueren antes de superar la fase de pupa o larva.
Liderando una decena de científicos, Adelman descubrió el verano pasado lo que llamaron el factor M o de masculinidad que determina el sexo en el A. aegypti. "El factor M es un gen que sirve como interruptor maestro. Cuando está on, el mosquito se desarrolla como macho, cuando está off, lo hace como hembra. Como solo las hembras ponen huevos, cuanto más extendido esté este interruptor en la naturaleza, menos hembras de las que pican habrá", explica Adelman.
Con una manipulación genética tradicional, la transmisión de este factor de masculinidad seguiría las leyes de Mendel, es decir, al principio se transmitiría al 50% de las crías, pero sin la liberación de nuevas remesas de mosquitos transgénicos, acabaría por retroceder. Aquí es donde interviene una de las técnicas más recientes y tan poderosa que casi da miedo.
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