La tecnología del CRISPR ya ha sido utilizada para corregir las erratas genéticas que producen enfermedades como la distrofia muscular, en la que un solo gen fallido desencadena la dolencia. Para las enfermedades que dependen de la actividad de muchos genes, la mayoría, la capacidad para borrar o reemplazar trozos de ADN.
Esto es ilegal en muchos países, un grupo de científicos chinos ya ha modificado embriones humanos con este sistema y en Reino Unido ya han pedido permiso para seguir ese camino. En ambos casos, se trata de embriones inviables, que no pueden acabar en un nacimiento.
Los científicos sueñan ya con las aplicaciones médicas del CRISPR , que permitiría curar enfermedades genéticas en la línea germinal de los pacientes. Esto significaría que no solo se repararía su problema, sino que se acabaría con la dolencia en su descendencia.
Además de los retos científicos o técnicos, el CRISPR también requiere un análisis sobre las implicaciones éticas y legales que deberá tener en cuenta sus riesgos y sus beneficios. El poder de esta técnica de edición genómica es inmenso, como han demostrado ya algunos investigadores. Un grupo de la Universidad de California en San Diego mostró en moscas que es posible producir una reacción en cadena genética, provocando la propagación de modificaciones genéticas más allá de las células de un individuo hasta alcanzar a toda una población. Este verano, algunos de los principales expertos en CRISPR recomendaban la aplicación de técnicas de confinamiento para evitar que los organismos modificados se escapen de forma fortuita a la naturaleza.
Montoliu comenta que, aunque el riesgo nunca es cero, las posibilidades que ofrece esta técnica "deberían empujarnos a revisar una serie de normas, como el Convenio sobre Derechos Humanos y Biomedicina, que se firmó en Oviedo en 1997.
Además de convertirse en una herramienta que ya es habitual en laboratorios de todo el mundo, el CRISPR ya ha dado recompensas a sus descubridores. Este año, Emmanuelle Charpentier, francesa, y Jennifer Doudna, estadounidense, las dos principales responsables de esta revolución, recibieron el premio Princesa de Asturias de Investigación, y se considera casi seguro que pronto recogerán el Nobel. Además, ambas trabajan ya con el apoyo de importantes inversores para desarrollar aplicaciones médicas a partir de su método.
Fuente:http:http://elpais.com/elpais/2015/12/17/ciencia/1450356169_990602.html
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