RELACIONAN LA FALTA DE SUEÑO CON LAS CONFESIONES FALSAS

Un estudio publicado hace unos días en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) concluye que es más fácil obtener confesiones falsas de una persona con falta de sueño que de otra que ha dormido largo y tendido durante horas. El trabajo pone cifras concretas a un hecho que ya había sido señalado en más de una ocasión por expertos en derecho penal.

Un equipo de investigadores dirigido por Kimberly Fenn, de la Universidad Estatal de Michigan, y Elizabeth Loftus, psicóloga de la Universidad de California, llevó a cabo un experimento con 88 estudiantes del estado de Michigan. Durante dos sesiones, los sujetos tuvieron que solucionar problemas y responder varios cuestionarios por ordenador. Sin embargo, los investigadores les dieron un aviso importante: no debían pulsar la tecla de escape, ya que de lo contrario muchos datos importantes del estudio se borrarían.

Una vez finalizada la segunda sesión, Fenn y su equipo dividieron a los estudiantes en dos grupos. A uno se le permitió dormir toda la noche. Al otro, en cambio, se le obligó a mantenerse despierto con juegos de cartas, Scrabble y programas de televisión.

A la mañana siguiente, los investigadores dieron a los participantes un documento con los resultados de las pruebas. El escrito indicaba que todos habían pulsado la tecla de escape durante la primera sesión de la tarea. En realidad, sin embargo, ninguno de ellos la había presionado. Sin demora, se pidió a los sujetos que firmaran el documento para hacer patente su conformidad con lo que estaba escrito. Esa firma conllevaba admitir que habían pulsado la tecla de escape pese a no haberlo hecho. Si rehusaban, se les pedía lo mismo una segunda vez.

De los 44 sujetos que durmieron toda la noche, solo 8 firmaron a la primera; tras insistir una vez más, el número total de firmantes ascendió a 16. Los resultados fueron muy distintos en el grupo que había trasnochado: la mitad (22 de 44) confesó tras el primer requerimiento que había pulsado la tecla de escape. Después de pedir la firma a los que se negaron al primer intento, el número total de falsas confesiones se elevó a 30. Es decir, la probabilidad de que un sujeto acabe autoinculpándose falsamente parece ser mucho más alta cuando no se ha dormido.

Aaron Benjamin, psicólogo de la Universidad de Illinois que no ha participado en el estudio, recuerda que, cada año, muchos reclusos son excarcelados porque en su momento fueron condenados debido a una confesión falsa. «Es antiintuitivo que la gente admita haber cometido un crimen que no realizó, pero sucede.» De hecho, el experimento no estaría tan alejado de la realidad: «A menudo los sospechosos son interrogados a altas horas de la noche o tras haber pasado un tiempo detenidos en la comisaría, donde el sueño es difícil de conciliar», señala el experto.

Sin embargo, no todo el mundo parece estar de acuerdo en las conclusiones que deberían extraerse del estudio. John Wixted, psicólogo de la Universidad de California en San Diego que tampoco ha participado en el trabajo y que hace poco publicó un trabajo sobre el grado de acierto de los testigos ante acusaciones falsas, comenta: «Entonces, ¿se tendría que dejar dormir a los sospechosos y los testigos una noche entera antes de declarar? Permitir descansar a los sospechosos protegería al inocente, pero, del mismo modo, permitiría que los culpables estuvieran más frescos para resistir un interrogatorio».

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